EL NUEVO DIRECTOR

                                                   

¿Para que sirve el Director de una empresa?
Básicamente para cambiarlo todo y que todo siga igual.  Basta ver cuando un nuevo Director se hace con el puesto el frenesí de cambio que inunda la empresa.  Comienza entonces una reorganización del trabajo, redefinición de los puestos, reparto de despachos... y todo para justificar el elevado salario que percibe.  Esta retribución que para el resto de los trabajadores resulta un sueño irrealizable sólo sirve para que el que ha colocado al Director/a de turno crea que realmente sucede algo.  Y sí que sucede, estamos ante la ilusión de un cambio incesante que siempre nos lleva al lugar de partida.  Por supuesto la situación heredada siempre es una lastra para el nuevo Director que le impide avanzar  en sus propósitos.
Una de las metas de todo nuevo directivo es deshacerse de algo, de todo, de lo superfluo, de lo que le molesta...  Y es ahí donde el resto de trabajadores tiembla ante la palabra “cambio” que lleva implícita la supresión de puestos de trabajo.  La reducción de empleos permite una empresa más ágil.  Además hoy en día existe un nuevo término que gusta mucho a los directivos y que es “externalizar” o lo que es lo mismo que lo que se podría hacer en la empresa con los empleados que tiene lo haga otra empresa con otros empleados.  Suena absurdo pero está de moda porque alguien (supongo que un directivo de la otra empresa) dijo que así se ahorraba.  Y qué se supone que va a hacer la empresa con todo ese dinero ahorrado en la eliminación de puestos de trabajo, muy fácil, más dinero para remunerar a directores, consejeros y enchufados varios.  Este es un principio de oro de la empresa:  “Cuanto más dinero, personal y centros de trabajo pierde una empresa, más pasta reciben los jefes”.
La suerte que han tenido hasta ahora los peces gordos es que no ha tenido lugar una revolución de los asalariados.  Y es que por mucho que nos quieran hacer creer que la democracia ha llegado, que somos un país libre o que todos somos iguales, lo cierto es que la empresa es un sistema de castas, con una jerarquía establecida en función de lo que se gana y donde los privilegios los ostentan aquellos que se sitúan en los estratos superiores.  Por otro lado para llegar a dicho estrato el enchufe es un factor limitante.  Una vez que el enchufado se encuentra situado no le tiembla la mano a la hora de mangonear a los que están por debajo de él, eso forma parte del poder y, si el que lo ejerce ha llegado como ha llegado, ¿qué podemos esperar?
Lo mejor de todo es que cuando el nuevo Director te llama a su despacho para hacerte partícipe de su genial maniobra de cambio se muestra paternalista y a la vez ausente de moral, ya que te está enviando a galeras y dándote la palmadita en el hombro al mismo tiempo.  La escusa perfecta suelen ser las NTIC (Nuevas Tecnologías de la Información) que son las responsables de que se necesite menos personal.  El discurso que te suelta es ambiguo, por un lado te está haciendo la puñeta y por otro te plantea las ventajas, mientras tu escuchas sin rechistar porque si dijeses lo que piensas el mundo no sería como es.  Además siempre resulta divertido ver cómo alguien puede soltar necedades con tanta convicción.  Y no solo eso, al descubrir un discurso tan falso te das cuenta de que tu eres más inteligente que el Director General y eso produce una gran satisfacción.  En esa difícil situación ni se te ocurra recurrir a los Sindicatos porque bastante tienen ellos con tener que empezar a ganarse a una nueva Dirección y es que los tiempos han cambiado y si antaño los sindicalistas eran reivindicativos y molestos, hoy son perros fieles al Director con el que comparten el mismo objetivo:  mantenerse en el puesto haciendo lo mínimo y ganando lo máximo posible.  Si para ello tiene que caer algún que otro empleado, ¡Qué le vamos a hacer!  Pero como la empresa además tiene que producir, alguien tiene que trabajar, de modo que los pocos trabajadores que quedan deben hacerlo a destajo.  Esta es la base del capitalismo y luchar contra el capitalismo es inútil, mejor unirse a él, así que coge algo de lo bueno que tiene como puede ser tomar una Coca-Cola, ir al McDonalds, conducir tu coche,  llenar el carro de la compra en un supermercado o sentarte delante de la televisión al llegar del curro.

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